- Ibn al-Jaṭīb (1313-1374), Al-Iḥāṭa fī ajbār Ġarnāṭa, ed. ʿAbd Allāh ʿInān, El Cairo, 1974.
(C) SOBRE LA TRADUCCIÓN: Antonio Palacios
I, 296-303: Sobre Ibn Hamušk.
II, 121-127: Sobre Ibn Mardanīš.
- Ibn al-Jaṭīb (1313-1374), Al-Iḥāṭa fī ajbār Ġarnāṭa, ed. ʿAbd Allāh ʿInān, El Cairo, 1974.
I, 296-303: Sobre Ibn Hamušk.
TRADUCCIÓN
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IBRĀHĪM B. MUḤAMMAD B. MUFARRIŶ B. HAMUŠK
Conspirador, de origen cristiano.
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ORÍGENES
Mufarriŷ o Hamušk, uno de sus abuelos, era cristiano. Se convirtió al islam de la mano de uno de los reyes de los Banū Hūd de Zaragoza, con quienes se estableció. Tenía una oreja cortada. Los cristianos, cuando lo veían en la batalla, decían: “Hā, Mušk”, es decir: “Mira tu oreja cortada”. Ya que “hā”, en su idioma, es como en árabe, y “mušk” es la oreja cortada en su idioma.
FAMA Y RENOMBRE
Cuando los Banū Hūd salieron de Zaragoza, se crio sin pena ni gloria (taḥta ḫamūl), pero fue generoso y con iniciativa. Trabajó para los almohades cazando y medió en la delimitación de tierras. Luego se exilió con el rey castellano y se estableció con los cristianos. Después, volvió a lo que quedaba de los Lamtūníes [almorávides] en al-Ándalus después de pedir intercesión y mostrar arrepentimiento. Cuando Yaḥyà b. Gāniya se hizo gobernador de Córdoba, se puso a sus órdenes. Después, estalló la rebelión del año [5]39 (= 1144/1145) cuando Ibn Ḥamdīn se alzó en Córdoba y se proclamó Príncipe de los Creyentes. [Ibn Gāniya] lo mandó como emisario de su confianza por su capacidad y su experiencia y por su don de lenguas, para tratar de conseguir una tregua entre él e Ibn Ḥamdīn, haciéndolo rico y aumentando su poder. Después, la rebelión estalló y se multiplicaron los sublevados en al-Ándalus
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y se puso en contacto con el emir Ibn ʿIyyāḍ en Levante y con otros, hasta que logró que le fuese concedido el castillo de Šaqūbiš, luego se apoderó de la ciudad de Segura y se hizo su señor. Y hasta aquí llega su buen nombre, pues cayó en el error y se alió con Muḥammad b. Mardanīš, emir del Levante, y entró a su servicio hasta el punto de desposarlo con su hija, con lo que se unió a la jefatura y el emirato. Puso su espada al servicio de su yerno, dominando a quienes se le oponían. Fue general de su ejército y conquistó territorios hasta que se deterioró la relación entre ellos, se enfrentaron y se separaron, quedándose con los territorios y ciudadelas que poseía. Se le considera uno de los sublevados de al-Ándalus, uno de sus espadas más afiladas, de gran maldad y temible punta. Tras la desaparición de su mando, lo que quedó de él atestigua las riquezas que acumuló de posesiones y préstamos del estado. La última morada es mejor para quien se contiene. Dijo Ibn Ṣufyān:
Las casas se quejan de los tiempos sin parar
Hablándonos de la gloria de Ibn Hamušk
CONDICIÓN
Dijo Muḥammad b. Ayyūb b. Gālib, conocido como Ibn Ḥamāma: “Abū Isḥāq, el Jefe, valiente al confundir a los demás. Fue un jefe valeroso, osado y muy resuelto, de ideas acertadas, conocedor del arte de la guerra, ardoroso, de inusitada violencia, de famoso valor, perpetrador de iniquidades”. Dijo un historiador que lo conoció: “Era un general de caballería, aliado de las revueltas y los enemigos, más taimado que un gato, todos sus compañeros eran de evitar, que Dios le conceda moral y lo juzgue. Perjudicó a toda la gente que había en su vecindad y se hizo querer por los destructores en la idolatría.
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VIDA
Fue un cruel insolente, duro y brutal, [imponía] castigos ejemplares, osado y de moral frívola. En su devastación, llegaba a quemarlos en el fuego, a lanzarlos de alturas y torres, a sacarles los nervios y ligamentos de los tendones del antebrazo, y unía entre las ramas de un árbol normal y ataba a la persona a ellas. Después las soltaba llevándose cada una de las ramas una parte de los miembros. [N/A]
FAMA
Afirman que salió de los lugares que lo ayudaron como cazador y que lo acompañaba quien quería divertirse luchando y tocando instrumentos de cuerda, con cien jinetes de los que escogió a sus compañeros. No advirtieron que la caballería enemiga cargaba contra ellos, con doscientos jinetes, superándolos en número. Y dijeron: “El enemigo tiene doscientos caballos”. Y él dijo: “Si vosotros sois cien y yo otros cien, podemos con ellos”. Se contó a sí mismo como cien. Luego pidió una copa de su bebida y se dirigió al cantante diciendo: “Repíteme esos versos”. Estaba recitándolos y le gustaron:
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[N/A]
Los recitó mientras se acercaban los enemigos y cargó contra ellos él mismo y sus compañeros como si fueran uno solo. El enemigo sufrió la derrota y la mayoría de ellos murió y volvió victorioso a su ciudad. Pasaron los días y volvió a la casa en ese mismo lugar. Lanzó a su halcón sobre una perdiz y la capturó, fue a rematarla y no encontró una daga para ello en ese momento, así que, mientras la pedía, vio la punta de una flecha en el campo de batalla de los despojos del día de la derrota, la tomó del suelo y degolló al ave. Y fue a pedir bebida. Y ordenó al cantante que cantase dos versos de Abū al-Ṭīb:
[N/A]
He visto a quien cuenta esta historia de uno de los emires de los Banū Mardanīš. En todo caso, es una anécdota entretenida.
SU ENTRADA EN GRANADA
Dicen que el año 556, en ŷumadà I (= mayo 1161), Ibrāhīm b. Hamušk se dirigió a Granada con sus huestes y convenció a una parte de sus habitantes. Los almohades estaban ocupados con quienes se les oponían en el Magrib y el gobernador de Granada, el Sayyid Abū Saʿīd, se dirigía contra el enemigo. Este entró por la noche y los almohades se refugiaron en su alcazaba. [Ibn Hamušk] los atacó con todo tipo de estrategias, construyó catapultas y les lanzó todo lo que obtuvo de ellos y murieron de distintas maneras. Entretanto, la noticia llegó al Sayyid Abū Saʿīd, que se apresuró a ella [Granada] y cruzó el mar. Y se unió
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a él el Sayyid Abū Muḥammad b. Abī Ḥafṣ con un conjunto de tropas de los almohades y al-ándalus. Y llegaron todos a las afueras de Granada e Ibn Hamušk les provocó y salió de ella. Las dos huestes se encontraron en el Marŷ al-Ruqād, en las afueras, y se iniciaron los combates entre ellos y fue vencido el ejército de los almohades. El ejército perdedor se encontró el obstáculo de que en los límites del campo había unos arroyos cuyas aguas anegaban el prado, y mataron a muchos. En la batalla, resultó muerto el Sayyid Abū Muḥammad. El Sayyid Abū Saʿīd huyó a Málaga e Ibn Hamušk regresó a Granada y entró en ella con un grupo de prisioneros del pueblo, y amenazó con su ejemplo poniéndolos a la vista de sus hermanos asediados. La noticia llegó al califa en Marrakech, quien estaba cerca de Salé después de deshacerse de sus enemigos. Preparó un ejército al frente del cual puso a su hijo el Sayyid Abū Yaʿqūb y al šayḫ Abū Yūsuf b. Sulaymān, un astuto jefe de su tiempo y época. Cruzaron el mar y se encontraron el Sayyid Abū Saʿīd en Málaga. Llegaron más huestes y se les unió la gente del ŷihād que estaba sometida, y emprendieron juntos el camino hasta Dilar, una de las aldeas de Granada. Y continuará [hablándose] sobre la derrota de Ibn Hamušk, que se había pertrechado a sí mismo y a su ejército, compuesto por cristianos, entre otros, bajo el nombre de Ibn Mardanīš, en los almohades, en la letra mīm, si Dios quiere.
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ENTREGA [DE IBN HAMUŠK] A LOS ALMOHADES DE CUANTO POSEÍA, ŶAWWĀZU-HU LI-L-ʿADWA[1] Y SU MUERTE ALLÍ
Dicen que se deterioró la relación entre él e Ibn Mardanīš a causa de su hija, que estaba casada con el emir Abū Muḥammad b. Saʿd b. Mardanīš hasta el punto de que la repudió, la devolvió a su padre y [ella] le entregó al hijo [que había tenido con ella], [ella] eligió la protección de su padre, Ibrāhīm, volviendo a la protección de su sangre. Se cuenta que le preguntaron por su hijo y si podría tener paciencia con él, y contestó: “Los cachorros de los perros son cachorros malos, si son de perros malos. No lo necesito conmigo”. Y se extendieron sus palabras entre las mujeres de al-Ándalus como un refrán. Se agravó la calamidad y el conflicto entre ellos, aumentó la adversidad y entre su gente murieron los biliosos, obligados por el frasco de los rebeldes, de quienes Dios dispuso su destrucción, y esta es la razón más poderosa de la destrucción de sus dominios.
Cuando Ibn Saʿd volvió su atención hacia sus dominios y pacificó muchos de ellos, Ibn Hamušk se puso al servicio de los almohades y recurrió a ellos en busca de protección. De modo que cruzó el mar y se presentó ante el califa el año 565 (= 1170), estableciéndose en sus territorios, hasta principios del año [5]71 (= mediados 1175), cuando le pidieron que se volviese a la ʿudwa con su familia y su hijo, y se estableció en Mequínez, donde la mantuvo a salvo de todo peligro y continuó bajó su protección hasta que [él] falleció.
MUERTE
Dicen que Ibn Hamušk siguió en una residencia no muy grande de Mequínez y Dios lo castigó con una hemiplejía
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de extraños síntomas, y lo puso de un terrible humor hasta que murió. Entró en el baño caliente y se quejó del calor dando fuertes gritos, así que salió. Luego se quejó igualmente del frío. Y así acabó su vida.
- Ibn al-Jaṭīb (1313-1374), Al-Iḥāṭa fī ajbār Ġarnāṭa, ed. ʿAbd Allāh ʿInān, El Cairo, 1974.
II, 121-127: Sobre Ibn Mardanīš.
TRADUCCIÓN
MUḤAMMAD B. SAʿD MUḤAMMAD B. AḤMAD B. MARDANĪŠ AL-ŶUḎĀMĪ, QUE SEGÚN ALGUNOS SERÍA DE LOS TUŶĪB, COMO EL EMIR ABŪ ʿABD ALLĀH
ORIGEN
Renomrbado. De la mano de su padre, se libró la gran batalla en las proximidades de Fraga contra Ibn Ruḏmīr[2], lo que incrementó su gloria y aumentó su egoísmo, según algunos. Abū Saʿd sucedió a su padre en el mando de Fraga y sus dependencias y las sometió. Ibn Ruḏmīr la atacó y se hicieron famosas canciones sobre su defensa. Fue paciente en el asedio hasta que lo venció [a Alfonso I], alabado sea Dios, con ayuda de Ibn Gāniya. Después de esto, destacó y aumentó su valor y se extendió su fama. Nombró jefe a su hijo Muḥammad y promovió sus amistades. Él e Ibn ʿIyyāḍ, que se rebeló en Murcia, eran parientes políticos, y lo nombró [gobernador] de Valencia por ello. Cuando murió Ibn ʿIyyāḍ, Ibn Saʿd se apresuró hacia ella [Valencia], y estando en el camino el enemigo lo traicionó en Ḥiṣn Ŷallāl, de modo que lo atacó, lo dirigió [el ejército] y lo conquistó. Volvió y tomó Valencia después de ganarse un gran renombre y después puso Murcia bajo su mandato y consolidó el Levante, y su posición se fortaleció.
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CONDICIÓN
Dice Ibn Ḥamāma: “Desde pequeño, destacó por su valor y nobleza y por el nombre de su padre, por todo lo cual se inclinó por el liderazgo [del ejército] con 21 años. Luego ascendió a rey firme, a sultán excelso, por su asombroso valor y osadía. Aumentó su poder y se implantó su mandato, y todas las madres mencionaban [su nombre].
Y dijo otro: “Era insondable, de fuerte brazo, juicioso, resuelto, magnánimo, vengativo y temible al castigar”.
Y se dice en el Muḫtaṣar ṯawrat al-Murīdīn que tenía gran fuerza física, lo cual contribuyó a su esplendor, que era de gran tamaño y poseía caballerosidad, nobleza, valentía y don de mando.
VALENTÍA Y GENEROSIDAD
Dicen que dos días a la semana, los lunes y los jueves, bebía con sus compañeros y mejoraba sus dotes de mando, sus cualidades y a sus soldados. Sacrificaban a una vaca y repartían la carne entre los soldados. Venían cantantes (fem.) con flautas y laúdes y la diversión era mucha. Así se ganó el corazón de sus soldados, a quienes trataba con inmensa atención, y quizás con donativos de dinero en sus reuniones con amigos. Se menciona que un día llamó a Ibn al-Azraq, uno de sus generales, y bebió con él y con sus allegados
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en una reunión que había engalanado con bordados rojos, waṭiʾa y recipientes de plata y otras cosas, la diversión y la bebida se prolongaron todo el día. Cuando terminó la jornada en su compañía, les regaló las vasijas y a todos los presentes en la reunión, un bordado u otra cosa.
LO QUE SE LE REPROCHA Y LO DESHONRA
Dicen que era muy dado a los placeres en el campo de batalla. Tomó un grupo de esclavas y se puso a bailar con algunas de ellas bajo la misma manta. Era muy aficionado a las cantantes, las flautas y el baile. Dicen que tenía un muchacho llamado Ḥasan, de cuello grueso y espalda ancha, y cuando bebía le golpeaba, tras lo cual le hacía muchos regalos. Dice sobre esto su secretario, conocido como Al-Sālimī, que lo acompañaba cuando bebía y se emborrachaba:
Abundan las copas de vino y los golpes,
pues fuimos amables con el estado glorioso.
Disfrutó la mano con la espalda de Ḥasan,
pues estaba en la suavidad de la seda.
Y [era] un compañero, si [yo] pedía la yugular,
pues no había en su esfuerzo orgullo.
Inclinaba mi cabeza y me emocionaba,
y me afecto se estremecía cuando él temblaba
La fama de Al-Sālimī creció cuando le recitó estos versos, que se hicieron famosos en Levante, y la gente disfrutaba mucho de ellos. Y respondió Murcia a su insolencia [dār al-muŷūn] y balaga alfan wa-arbaʿīn. Prefería las vestiduras de los cristianos, así como las armas, los arreos y las sillas de montar. Disfrutaba de su idioma con un una conversación sorprendente y lo obligó a salir de la comunidad y a asilarse en la protección
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de los cristianos y cooperar con ellos, pidiendo ayuda a su tirano. Llegó a una tregua con el señor de Barcelona, quien le impuso un tributo. Y luego con el rey de Castilla, que le impuso otro. Les entregaba cada año cincuenta mil mizcales. Construyó para su ejército de cristianos casas especiales y posadas para el vino, descuidando a sus súbditos, para proveer a quien se lo pidiera. Aumentaron y crecieron en su región las pérdidas. Y tomó las tiendas de venta de cueros y otras mercancías, y se hundieron con él. E impuso insólitas provisiones sobre las ovejas y las vacas. Los impuestos sobre las bodas y ferias también tenían obligaciones insólitas. Un historiador fiable dijo: “Estaba en Jaén, con el ministro Abū Ŷaʿfar al-Waqqašī, y acudió a él un hombre de Murcia al que conocía. Le preguntó el ministro sobre los asuntos de Ibn Mardanīš y su progreso, y le contó el hombre: ‘Te hablaré sobre la injusticia y la opresión que he visto de su parte. Un habitante de Játiva, llamado Muḥammad b. ʿAbd al-Raḥmān, tenía cerca de Játiva un terrenito en el que vivía, pero sus obligaciones excedían sus beneficios y pagó impuestos hasta arruinarse y se marchó a Murcia. Pero Ibn Mardanīš había ordenado que a cualquier súbdito que huyese ante el enemigo se le confiscasen sus bienes para el tesoro. Dijo el hombre de Játiva: ‘Cuando llegué a Murcia escapando de mi país, empecé a trabajar en la construcción y reuní dos mizcales saʿdíes. Iba caminando por el mercado y me topé con gente de mi pueblo, Játiva, y parientes míos, así que les pregunté por mis hijos y mi esposa y me dijeron que estaban bien, de modo que me dio mucha alegría. Les pregunté por mi terrenito y me dijeron que seguía en manos de mis hijos. Les dije que podían pasar la noche en mi casa y compré carne y bebida y tocamos el adufe. Cuando amaneció, llamaron con fuerza
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a la puerta. Pregunté quién era y me dijo: ‘Soy el recaudador [ṭarqūn] encargado de los impuestos sobre las fiestas, que se me han asignado, y vosotros ayer estuvisteis tocando el adufe, así que dadme los derechos por la boda que celebrasteis’. Le juré por Dios que no había celebrado ninguna boda y me apresaron y me encarcelaron hasta que pagué un mizcal que había ganado trabajando y me fui a mi casa. Me dijeron que Fulano había llegado de Játiva en ese momento. Fui a preguntarle por mis hijos y me dijo que los había dejado en prisión, que les habían quitado el terrenito por el impuesto de tierras montaraces[3], y volví a mi casa con mis parientes. Les conté lo que me había sucedido y lloré toda la noche y ellos conmigo. Al día siguiente, llamaron a la puerta y salí. Me dijeron: ‘Soy el de las herencias. Me han dicho que estuvisteis llorando anoche porque se os ha muerto algún pariente rico y habéis tomado lo que ha dejado’. Le juré por Dios que lloraba por mí mismo, pero no me creyó y me llevó a prisión. Pagué el segundo mizcal y volví a casa. Dije que me iba al río, a la puerta del puente, para lavar mis ropas de la suciedad de la cárcel. Crucé a la otra orilla vi a una mujer lavandera, a la que pedí que las lavase. Me las quité y ella me dio una túnica [zunnār] para que me la pusiera. Mientras estaba así, [apareció] el eunuco del alcaide de Ibn Mardanīš, que conducía a sesenta hombres del monte vestidos con esas túnicas. Me vio tal como iba y ordenó que me prendieran para trabajos forzado [suḫra] en un castillo derruido [durante] diez días. Allí estuve sirviendo y presente durante diez días, llorando y lamentándome al alcaide mencionado, hasta que se compadeció de mí y me liberó. Volví a Murcia y, en la puerta de la ciudad, me preguntaron mi nombre. Contesté [que era] Muḥammad b. ʿAbd al-Raḥmān y el guardia me prendió y me llevó al recaudador de la puerta del puente. Dijeron que era uno de los que había inscrito
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como dueños de tales joyas y tantos dinares. Les juré por Dios que yo solo era uno de Játiva, que mi nombre coincidía con ese otro y le conté todo lo que me había pasado. Se compadeció y se burló de mí y ordenó que me liberaran. Así que me marché y me dirigí aquí’”.
ALGUNOS SUCESOS DE SU VIDA Y RESUMEN DE SUS NOTICIAS
Se hizo con el poder de las regiones de Levante, Murcia, Valencia, Játiva y Denia, y después extendió sus posesiones, gobernando Jaén, Úbeda, Baeza, Baza y Guadix. Se apoderó de Carmona y atacó Córdoba y Sevilla, y a punto estuvo de tomar el resto de al-Ándalus. Nombró a su suegro, Ibn Hamušk, que ya aparece en el capítulo “Ibrāhīm”, gobernador de la ciudad de Jaén y de Úbeda y Baeza, desde donde sitió Córdoba y se apoderó de Écija. Entró en Granada el año 557 (= 1162). Se rebeló contra él Yūsuf b. Hilāl, uno de sus parientes políticos, en Ḥiṣn Maṭarnīš[4] y sus dependencias. Luego se deterioró su relación con su otro pariente, Ibn Hamušk. Este fue el motivo de que renegase de su autoridad y que el enemigo capturase en época de Ibn Saʿd la ciudad de Tortosa en el año 543 (= 1148/1149), y Ḥiṣn Iqlīŷ y Ḥiṣn Šarāniya.
ENTRADA EN GRANADA
Cuando Ibn Hamušk entró en la ciudad de Granada, no pudo tomar la alcazaba y fue derrotado
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el ejército que pedía socorro por los almohades que la [Granada] rodeaban en Marŷ al-Ruqād. En el entretanto, se recuperó el dominio de los almohades y el Sayyid Abū Yaʿqūb los preparó para victoria. Cruzó el mar y se reunió con el Sayyid Abū Saʿīd en Málaga. Ibn Hamušk se separó de su pariente el feliz [al-asʿad] Abū ʿAbd Allāh Muḥammad b. Saʿd, y salió él solo con un gran ejército de gente de Levante y cristianos. Llegó a Granada y su campamento se confundió en las altas cumbres junto al monte del Albaicín. Y es conocido hasta hoy por la indigencia de Mardanīš y la persecución mutua en los arrabales de Granada. Se separaron del ejército de sus enemigos y le sobrevino la desgracia. Ibn Mardanīš huyó y se refugió en Jaén. Y fue vencido posteriormente a mediados del año [5]60 (= mediados 1165), y después no tuvo más trascendencia.
MUERTE
Se le impuso el dominio de los almohades, quienes le arrebataron casi todas sus posesiones y libraron con su ejército terribles batallas. La ciudad de Murcia fue sometida a un asedio continuo durante el que murió, el 10 de raŷab del año 567 (= 8 marzo 1172), con 48 años. Heredó su gobierno Abū l-Qamar Hilāl, quien recibió con las manos abiertas a los almohades y accedió a pactos y tributos como correspondía a su posición.